En el Día Mundial de la Bondad, la historia de la amistad entre una estrella noruega y un novato keniano

Bjorn Daehlie fue la gran estrella del esquí de fondo noruego en los Juegos Olímpicos de Invierno Nagano 1998, pero su historia con el keniano Philip Boit comenzó después de la carrera de los 10 km.

Por Jo Gunston

Esta historia empieza por el final.

Empieza en la línea de meta de los Juegos Olímpicos de Invierno Nagano 1998, en Japón, pero no cuando la estrella del esquí de fondo noruego Bjorn Daehlie la cruzó en primera posición, sino 20 minutos más tarde cuando, en lugar de irse directo a la ceremonia de medallas, esperó a que llegara el último participante.

Ese era el keniano Philip Boit, un novato que había visto la nieve por primera vez tan solo dos años antes, pero que se ganó el respeto de la estrella escandinava no solo por completar esta exigente prueba, sino hacerlo además en una pista que la lluvia hizo más complicada.

“Se lo merece”, dijo después Daehlie. "Ha sido duro para él, pero no se ha rendido”.

Boit, por su parte, estaba muerto de dolor pero aceleró en los metros finales ante los ánimos del público japonés.

“Gritaban, ‘¡Vamos, Kenia! ¡Vamos, Philip!’. Fue como ganar una medalla, aunque llegara el último”, dijo Boit en declaraciones a BBC World Service en 2014.

Con los pulmones a pleno rendimiento y el estruendo del público, Boit tardó en darse cuenta de quién lo había agarrado por la cintura para frenarlo cuando cruzó la línea de meta, antes de felicitarlo con un abrazo.

"Mi entrenador me había hablado sobre [Daehlie], y lo había visto en televisión, pero no me podía creer que fuera él quien me estaba abrazando”.

Dos formas de hacer historia

El primer y el último clasificados de la carrera tenían algo en común: los dos habían hecho historia ese día. Daehlie se había convertido en el primer hombre en ganar seis medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Invierno, mientras que Boit era el primer keniano de la historia en participar en los Juegos de Invierno.

Sin embargo, sus caminos hasta hacer historia no podrían haber sido más diferentes.

Daehlie creció en una nación que adora el esquí de fondo, un deporte que allí rivaliza en popularidad con el fútbol. Empezó a esquiar desde muy pequeño y hacía muchas actividades al aire libre, desde cazar a pescar, pasando por senderismo o kayak.

Después de renunciar a una posible carrera en el fútbol, Daehlie empezó a subir por las categorías inferiores del esquí de fondo. Creció y creció hasta llegar a Nagano 1998 con cinco oros olímpicos en su palmarés. Al marcharse de Japón, la cuenta había subido a ocho títulos olímpicos y cuatro medallas de plata. Aquellos serían sus últimos Juegos.

Daehlie aspiraba a seguir sumando más medallas a su colección en Salt Lake City 2002, pero en agosto de 1999 un accidente cuando estaba haciendo rollerski acabó con su carrera deportiva.

Bjorn Daehlie en Nagano 1998.
Foto por Bongarts

Sin nieve, sin esquís, sin problemas

Por su parte, Boit creció en una familia de agricultores kenianos en el Valle del Rift, y ni siquiera había visto nieve hasta dos años antes de competir en Nagano. Era corredor de media distancia cuando una importante marca deportiva le ofreció intentar clasificarse para Nagano 1998. Él y su compatriota Henry Bitok aceptaron el reto.

El entrenamiento empezó con esquís de ruedas en la calurosa Kenia antes de trasladarse a la fría Finlandia en febrero de 1996.

“Al principio fue complicado porque nunca había pasado tanto frío en mi vida”, explicó Boit. “Hasta ponerme los esquís me resultaba difícil”.

Kenia solo tenía una plaza para competir en la prueba de Nagano, y Boit resultó elegido por delante de Bitok. Como único representante de Kenia, llevó con orgullo la bandera en la Ceremonia de Apertura, un privilegio que Daehlie también disfrutó cuatro años antes y en casa, en Lillehammer 1994.

Boit repetiría como abanderado en los dos siguientes Juegos Olímpicos de Invierno, Salt Lake City 2002 y Turín 2006. Sobre suelo estadounidense logró terminar en la posición 64º de 68, y en Italia mejoró un poco más para terminar por delante de cinco rivales.

Boit no podría competir por enfermedad en los que iban a ser sus últimos Juegos, Vancouver 2010, pero cerró su carrera en el Mundial de 2011 en Oslo, el país de su buen amigo Bjorn.

La última carrera de Philip Boit, en el Mundial de 2011 en Oslo.
Foto por 2011 Getty Images

Amigos al instante

Unas semanas después de los Juegos de Nagano, nació el hijo de Boit. Se llamó Daehlie.

Daehlie Boit tiene ahora 23 años y ha conocido al hombre al que debe su nombre, pues su padre y la leyenda noruega siguen siendo grandes amigos, y comparten actos benéficos y entrenamientos.

Puede que los dos recorrieran caminos muy diferentes hasta convertirse en iconos de los deportes de invierno, pero acabaron en el mismo lugar: dos embajadores perfectos de los valores olímpicos. La bondad siempre gana.

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