Luis Scola: "Es contradictorio luchar tanto por un reconocimiento y, cuando llegue, renegar de las cosas malas que trae"

Luis Scola, único jugador argentino en disputar cinco Juegos Olímpicos, hace balance de su carrera "en la puerta del retiro" con un último baile en el mayor escenario deportivo mundial. El mismo que le vio brillar con la Generación Dorada en Atenas 2004. Recuerde su entrevista previa a Tokio 2020, donde hacía balance de su carrera

Foto por 2021 Getty Images

Argentina ha finalizado su participación en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 tras caer en cuartos de final frente a Australia. Y la imagen de la jornada ha sido ver a su leyenda, Luis Scola, llorando tras sus últimos Juegos Olímpicos. A él: ganador de dos medallas Olímpicas (oro en Atenas 2004 y bronce en Pekín 2008) y primer jugador argentino de baloncesto en disputar cinco Juegos Olímpicos.

Puede que sean sus últimos Juegos, pero aún no está claro si su última competición. Ni tampoco busca un final "cinematográfico", como lo llama.

"Muy probablemente me retire porque tengo 41 años. Estoy evidentemente en la puerta del retiro. Pero nunca anuncié mi retirada. Y efectivamente no estoy buscando ninguna cosa en particular de Japón. Lo único que busco de estos Juegos Olímpicos es llegar lo mejor preparado posible, poder competir al mejor nivel posible y ayudar al equipo lo más que pueda, que el equipo juegue bien y ya está. Pero no estoy buscando ningún cierre ni ninguna cosa de ese estilo. De hecho, ni siquiera sé si me voy a retirar, que es más que probable, pero ni siquiera lo sé aún", decía el ala-pívot antes de los Juegos.

"Lo más probable es que no juegue el año que viene; que me termine retirando en Tokio. Cuando termine la competición, lo pensaremos".

Pase lo que pase, Luis Scola hizo un repaso a su mejor momento Olímpico, el oro ganado por la Generación Dorada en Atenas 2004, en una entrevista para Tokio 2020.

¿Estaba en su cabeza la idea de ser el primer jugador argentino de baloncesto en llegar a cinco Juegos Olímpicos?

La idea era simplemente poder jugar y tratar de jugar lo más que pueda, porque me gusta mucho jugar al básquet. No para batir un récord o algo así, pero la verdad es que jugar cinco Juegos Olímpicos era impensado para mí cuando empecé a jugar. Haber llegado hasta aquí la verdad que me pone muy, muy contento.

¿Cómo recuerda aquel momento de cuando recibió el oro en Atenas 2004 hace 17 años?

Con el correr del tiempo, es como que es más épico. Porque con el paso del tiempo tomas conciencia de lo difícil que es conseguir una medalla de oro Olímpica, incluso la medalla de bronce que tiene casi, casi el mismo nivel de épica. En ese momento me recuerdo, obviamente, disfrutando muchísimo de estar en ese punto de euforia total. Pero también pienso hoy, diecisiete años después, que no era muy consciente de lo que estaba pasando, no era muy consciente del verdadero valor.

Recordar el oro en Atenas me lleva a ese lugar incrédulo de decir lo conseguí; conseguí algo que era imposible

¿Y ahora que es consciente, piensa mucho en aquel oro?

A veces me pasa e intento no meterme en esos lugares nostálgicos porque todavía sigo jugando y pienso que al final te transporta mucho para el pasado y poner energía del pasado te quita un poco de energía del presente. Intento que toda mi energía esté en el presente, no en el pasado y el futuro, pero sé que, próximamente, cuando no juegue más, voy a tener momentos de revisión, de mirar para atrás y ver lo que pasó.

Y ya durante este último tiempo cada vez se te mete más en la cabeza ese estado nostálgico de mirar para atrás. Y bueno, cada tanto me pasa eso, y puedo decir que yo estaba ahí, que lo conseguí. Yo fui parte de eso, de ese grupo de jugadores que consiguió eso que hoy en día parece utópico.

¿Es lo más destacado de su carrera?

Eso es algo que te persigue para toda tu carrera. Es claramente el highlight de mi carrera. Cuando la gente hable de mí dentro de un tiempo, lo que va a salir arriba de la mesa va a ser eso. Yo personalmente lo pongo junto con el hecho de haber llevado la bandera en la fiesta inaugural de Río. Para mí, a nivel individual, ese es el logro máximo posible que puede tener un atleta. Y el hecho de haberlo conseguido también me lleva a ese lugar incrédulo de decir lo conseguí, algo que era imposible. Hace mucho tiempo, cuando empecé con todo esto, para mí era imposible.

La Generación Dorada en Atenas 2004

¿Le persigue en el mal sentido? Aquel oro les puso bajo el foco mediático. ¿Le sobrevino la presión o la responsabilidad?

Yo soy de los que piensan que al final uno lucha constantemente como atleta para poder conseguir esos lugares, esos estatus privilegiados, esos niveles de reconocimiento que uno consigue en esos logros: en una medalla Olímpica, siendo el campeón de la NBA... Estamos constantemente buscando eso y eso al final agranda la óptica con la que la gente te mira, con la que la gente te analiza. Y esa óptica no sólo es más grande, sino que a la vez también es más detallista y es más cruel.

Y cuando uno llega a esos lugares es imposible esperar que no haya esa responsabilidad, presión, crítica o exigencia. Uno, cuando llega a ese lugar, tiene que acunar todo eso, tiene que arroparlo, es suyo y tiene que vivir, y saber convivir con ello.

¿Nunca ha renegado de ello?

A mi forma de ver, es contradictorio luchar tanto por ese reconocimiento y, cuando llegue, renegar de las cosas malas que trae. Uno tiene incluso que conseguir la manera de ponerse contento en esa exigencia, en esa crítica y en esa presión, porque hay otros jugadores que son de peor nivel a los que no se le exige todo eso. Eso tiene un elogio encubierto, incluye la la certificación de este estatus escondida dentro de esas críticas y esas presiones. A ese tipo de gente se le presiona, se le exige, se le critica de una manera más cruel porque son mejores, porque están en otro lugar, porque consiguieron cosas que otros no consiguieron. Y eso es lo que uno busca como atleta. No es la parte más agradable, pero es lo que uno busca. Entonces, renegar de eso es un poco contradictorio.

Si yo pudiera volver a vivir mi vida, volvería a ser deportista profesional todas las veces que pudiera

Ahora tiene 41 años, pero en 2004 tenía 24. ¿También lo veía así?

Cuando era más joven era más difícil lidiar con las cosas negativas que tenía la profesión. Pero después uno va aprendiendo a ver las cosas de otra manera y a tomar un poco más de perspectiva. Y bueno, está claro que ser deportista profesional tiene cosas negativas, tiene cosas difíciles. Pero el balance es extremadamente positivo.

Es la vida que ha elegido, ¿no?

Si yo pudiera volver a vivir mi vida, volvería a ser deportista profesional todas las veces que pudiera. Lo cual no significa que no tenga cosas malas; incluso a veces es un poco desagradable porque tienes que estar aclarando todo el tiempo. Hay cosas que son bastante negativas, que no son divertidas, pero el balance es extremadamente positivo. No es tan divertido cuando uno tiene depresión, cuando uno tiene críticas... pero el balance positivo, el haber llegado a ese lugar, es muchísimo mejor que no haber llegado. Por eso no miro mi carrera ni la profesión como un sufrimiento, al contrario.