Las tres vidas de Iñigo Llopis

Varias complicaciones físicas le hicieron cambiar de disciplina deportiva en su juventud. Hoy Llopis se mueve como pez en el agua por la élite mundial de la natación Paralímpica

Foto por 2021 Getty Images

Iñigo Llopis (Donostia, España, 1998) nació con una malformación en una de sus piernas: uno de sus fémures es más corto que el otro. Su brazo derecho también es más pequeño. Eso no le impidió practicar deporte desde niño. Influenciado por su padre, entrenador de guardametas de la Real Sociedad y el Real Madrid, a Llopis le apasionaba el fútbol y jugaba de portero, cómo no, en el equipo de su colegio.

Pero a su condición natal se le añadió otro problema: cuando tenia 11 años un jugador se le cayó encima y eso provocó que se le rompiera la pierna. Este acontecimiento marcó el final de la carrera de Íñigo como futbolista. Sus primeros pasos en la natación fueron 10 años después, y empezó a hacerlo como método de rehabilitación por recomendación médica.

"Al principio no me hacía gracia nadar pero hice caso a mis padres, solo iba con la idea de mejorar mi movilidad y recuperarme. Un día participé en un campeonato escolar en España y me gustó. Comencé a tomármelo más en serio, me enganchó y no he vuelto a salir del agua", cuenta a dxtadaptado.com

Y menos mal que no ha vuelto a salir del agua, porque Llopis es toda una estrella emergente de la natación. A sus 22 años ha conseguido una medalla de plata en sus segundos Juegos Paralímpicos. El próximo 31 de agosto a las 9:00, hora local japonesa, tiene opciones a hacerse con otra medalla.

El camino hasta aquí no ha sido fácil. Llopis llegó por primera vez a unos Juegos, en Río 2016, después de que un nadador del RPC fuera descalificado. El donostiarra admite que, con 17 años, acudió a aquella cita más a disfrutar que a competir. Después de la euforia de poder participar por primera vez en unos Juegos Paralímpicos, Llopis sufrió otro duro golpe. "Casi me amputan la pierna derecha y no sabía si volvería a nadar" explica a dxtadaptado.com

Tuvo que pasar varias veces por quirófano, probar varios tratamientos mientras padecía un dolor insoportable para finalmente poder volver a la piscina, que parece ser su medio natural. En el año 2018 obtuvo un oro (en 400 metros libres), tres platas (100 metros libres y estilo, 4x100 estilos) y un bronce (4x100 libres) en el Campeonato de Europa celebrado en Dublín. En enero de 2020 estableció el récord mundial de 200 metros en Madrid y batió el récord español en los 100 metros espalda en Mallorca, clasificándose para Tokio 2020.

"En 2018 probé con espalda y vi que había posibilidades tanto de mejorar como de conseguir un buen puesto en el ranking a nivel mundial, y a partir de entonces empecé a entrenarlo más", declara al Comité Internacional Paralímpico.

Pero entonces llegó la pandemia, el retraso de los Juegos y las dificultades para entrenar. En sus peores meses debido al COVID-19, España impuso un confinamiento estricto que afectó también a los deportistas de élite. “Estuve trabajando en seco, como le decimos nosotros, en el garaje de mi casa. Pude montar un pequeño gimnasio para poder seguir trabajando y estar lo mejor posible cuando pudiera volver al agua, con un poco de bicicleta fija, un poco de remo o con material que nos ha cedido el Comité Paralímpico Español” cuenta al Comité Internacional Paralímpico.

Tanto esfuerzo y sacrificio al final han merecido la pena. Después de una decepción inicial al no lograr clasificarse de los 100 metros libres (S8), el pasado viernes 27 de agosto Iñigo se subia al podio en segunda posición en los 100 metros espalda (S8) con un tiempo de 1:06.72. No pudo superar a su rival el estadounidense Robert Grisworld, que establecía un nuevo récord del mundo de la categoría S8 con 1:02.55.

El referente de Llopis no es otro que la leyenda española de la natación adaptada Richard Oribe, con el que compartió piscina en el club Kanporta.

"Yo entrenaba a la misma hora que Richard, pero no con él; entonces le veía nadar y decía: qué rápido va. Ha sido un referente para todos porque no solo nos ha enseñado a nadar, sino también a cómo comportarnos en cada entrenamiento y en cada competición, en temas de alimentación... Es un crack que nos ha enseñado a todos" admite a Deia.

Con sus 22 años y su currículum, Iñigo aún tiene mucho que ofrecer a la natación adaptada española. Con un inicio de carrera tan espectacular, y con la motivación y dedicación del donostiarra, es posible que supere a su ídolo.

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