La otra vida de la esquiadora chilena Noelle Barahona

Los olímpicos son algo más que deportistas. Más allá de clasificar a los Juegos Olímpicos de Invierno, de subir a lo más alto o de aprender nuevos trucos, muchos atletas hispanohablantes compaginan el deporte con otras realidades igual de inspiradoras. Conoce en la primera entrega de esta serie la otra vida de Noelle Barahona, de Chile.

Por Marta Martín
Foto por 2018 Getty Images

Su vida como deportista

Noelle Barahona (30 de noviembre de 1990; Santiago, Chile) no es una de las referentes del deporte de invierno en Chile por casualidad. Ella es alguien que ha hecho historia.

La esquiadora alpina ha participado en cuatro Juegos Olímpicos de Invierno; todos de manera consecutiva desde Turín 2006. Y fue entonces, hace 15 años, cuando su nombre se empezó a escribir con letras de oro. En Italia, Barahona se convirtió en la esquiadora más joven en participar en alpino, con solo 15 años. Disputó la prueba combinada, donde finalizó en 30ª posición.

Cuatro años después, en Vancouver 2010, tomó parte en cinco pruebas -la vez que más-, y su mejor posición fue un 28º puesto en supercombinadas. Con un mejor de 34ª en Sochi 2014 en descenso, fue en PyeongChang 2018 donde labró su mejor resultado olímpico, con una 25ª posición, también en descenso.

Además, en estos Juegos de la República de Corea, Barahona se convirtió en la chilena con más Juegos de Invierno a sus espaldas.

Su vida personal

Con los orígenes de Noelle Barahona, era prácticamente imposible poner de lado el deporte, ya que creció rodeada de él. Sus dos padres se dedicaban a la vela.

"Mi papá fue campeón del mundo en vela (y compitió en Los Ángeles 1984). Yo realmente ni cerca de eso, y para mí ese hombre es un increíble deportista. Mi mamá fue campeona sudamericana de windsurf. La bandera estaba puesta muy alta. La razón por la que estoy acá es porque nací en la cuna de ellos y no me quedó otra que ponerme las pilas y decir ‘quiero ser como ellos'", dijo Barahona para AFP tras los Juegos de PyeongChang 2018.

Ella siguió su camino, pero cambiando el agua por la nieve... algo con menos tradición en Latinoamérica.

Pero logró llegar al mayor escenario deportivo mundial con solo 15 años.

“Es muy loco. Cuando tenía 10 años y soñaba con estar acá, si alguien me hubiera dicho que lo iba a hacer cuatro veces, creo que no lo hubiera creído”, remarcó la esquiadora chilena para AFP.

Pero lo verdaderamente increíble en su carrera ha sido que todo lo ha logrado sin dejar de lado su faceta estudiantil y profesional.

Su vida no se reduce a cuatro Juegos Olímpicos, sino que además cursó una Licenciatura en Matemáticas y Estadística.

En algunos momentos, aunque el deporte y las matemáticas parecieran campos opuestos, Barahona encontraba siempre el nexo, y así lo explicó para la agencia DPA: "Una vez nos hicieron calcular probabilidades de lo que quisiéramos, y yo calculé probabilidades de caerse en un descenso. Me arrepiento, porque ahora sé cuáles son las probabilidades de caerse a qué velocidad. Si vas por ejemplo a 110 kilómetros por hora las probabilidades de caerte son 30 entre 100 y a cinco kilómetros por hora más rápido pueden ser hasta de 50".

Compaginar los estudios universitarios con el profesionalismo a nivel deportivo hacían que Barahona tuviera que robar horas al día, y durante años se despertaba a las 4 de la mañana para poder sacar todo adelante con excelencia. Esto le sirvió como filosofía de vida, como expresó para el periódico de su universidad, la Universidad Católica: "Si me tengo que despertar todos los días a las 4 de la mañana por el resto de mi vida, lo voy a hacer súper feliz. Para mí, la pasión es lo más importante. Sea la que sea".

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