René Holten Poulsen es un piragüista de sprint danés, tres veces olímpico y múltiple campeón del mundo, cuya salud mental entró en un bucle después de una mala actuación en Río 2016.

René ha superado su problema con la ayuda de la terapia de conversación, la investigación y la redacción de un diario y, ahora, quiere concienciar a otros atletas sobre la prevalencia del TEPT entre deportistas de élite.

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«Tras haber participado en dos olimpiadas, y con una medalla de plata de los Juegos Olímpicos de 2008 y el doble de oro en el Campeonato Mundial de 2015, llegué a Río 2016 como un gran favorito para hacerme con el oro. Sin embargo, tras varios problemas, entre los que llegué incluso a enfermar, acabé en sexto lugar, lo que supuso perder cualquier opción de ganar una medalla.

Mientras trataba de clasificarme para Tokyo 2020, descubrí que padecía un trauma, o una reacción de estrés postraumático provocada por esa experiencia. Si, durante una carrera, me encontraba en una situación similar a la final de las olimpiadas de 2016, me detenía. Hasta que me diagnosticaron, no tenía ni idea de por qué lo hacía.

No le deseo a nadie lo que sufrí durante más de cuatro años: ser uno de los mejores del mundo en mi especialidad, entrenar a un alto nivel, pero no lograr un buen rendimiento, sin motivo aparente.

Ahora estoy trabajando en ello, y me siento casi al cien por cien de mi capacidad. Sin embargo, el daño ya está hecho, y el viaje de regreso al podio y al máximo rendimiento lleva su tiempo. Por no mencionar el proceso de curación, en el que la mente debe recuperarse del estrés y la depresión que conlleva esta situación.

Creo que hay más atletas de los que pensamos que han pasado por esto, y tenemos la oportunidad de ayudarlos, ya sea a través de especialistas, embajadores o una combinación de ambos. Creo que se debe trabajar este tema y examinar esta cuestión con mucha más seriedad.

Soy René, y esta es mi historia».

Decepción en Río

«En 2015, logré el que, por aquel entonces, era mi objetivo: ganar el K1 500 m y el doble de 1000 m en el Campeonato Mundial de Piragüismo. Después de eso, tuve que atender a los medios de comunicación, viajé a Rusia por unos días para una competición, a casa (en Dinamarca) para los nacionales y a Brasil para el evento de prueba preolímpica. En menos de ocho días tras ganar mis títulos en el Campeonato Mundial, había hecho dos competiciones más y estaba en Río de Janeiro listo para enfrentarme al tercero.

No tuve tiempo de sentarme y procesar lo que había logrado, por lo que básicamente empecé a entrenar para Río 2016 sin haber podido reiniciar mis metas. Creo que eso fue lo que inició mi trauma que, finalmente, desencadenó en una situación de estrés postraumático.

Antes de Río 2016, yo era el favorito y, en mi país, la única duda era qué medalla ganaría; ni siquiera se planteaba la posibilidad de que no subiera al pódium. Pero enfermé de camino a Brasil en el vuelo nocturno. No fue nada grave, pero sí lo suficiente como para necesitar penicilina, que no tomé hasta después de la semifinal.

Ocupaba el carril exterior para la final K1 de los 1000 metros masculina, y aunque estaba un poco cansado, era consciente de que el año anterior había logrado ganar medallas en días en los que no me sentía muy bien. Pero, esa vez, recuerdo mirar la meta a 400 metros de distancia y pensar: “400 metros más y habré acabado, no más presión”. Y así no es como deberías estar compitiendo en una final olímpica si lo que quieres es ganar.

Fue una experiencia terrible. Mi novia de aquel entonces se convirtió en campeona olímpica tan solo unos días antes y, por mucho que quisiera alegrarme por ella, estaba destrozado. Había momentos en los que pensaba “está bien, todo va bien, puedo aguantar”. Pero, en otros, solo me limitaba a mirar fijamente a la pared, porque me sentía profundamente decepcionado por lo que había pasado.

Y, durante los dos o tres meses siguientes, no me senté a escribir lo que sentía o pensaba; lo que había pasado; qué iba a pasar a continuación; o si quería seguir compitiendo cuatro años más. No hice absolutamente nada. No era feliz, ni infeliz. No sentía nada».

Efecto sobre el rendimiento

«La situación siguió empeorando, y en varias situaciones llegué a detenerme y abandonar una carrera, porque me recordaba a la final olímpica. Si mis rivales se situaban en una posición determinada en la carrera, por delante de mí, o a mi lado; si pasaba o sentía algo que me recordara a aquella situación, me detenía, o sentía el deseo de hacerlo.

Desde Río 2016 hasta el Campeonato Mundial de 2019, que sirvió como clasificatoria para Tokyo 2020, mejoré más de un dos por ciento mis pruebas físicas, y logré ser más rápido. Tenemos una prueba de ergómetro en interiores, y logré un resultado de más vatios con un VO2 máx. más alto.

De modo que mi forma física mejoraba pero, simultáneamente, mis resultados fueron, como mínimo, un dos por ciento más lentos. En el Campeonato Mundial de 2017 no pude dormir en cuatro días durante la competición, sin saber por qué. En el Campeonato de Europa de 2018, quedé muy atrasado en la final B, y no era capaz de explicar qué me estaba sucediendo. Posteriormente, en la semifinal del Campeonato Mundial de 2019, ocupaba una buena posición, a 250 metros de la meta, y me detuve.

Normalmente, cuando eres un atleta de competición, si te rindes sueles tener remordimientos, pero en esta ocasión no me sentí así. No me detuve por ningún motivo en concreto; no sabía por qué paraba de remar, pero sí era consciente de que algo no iba bien.

Al día siguiente, nuestro director deportivo, que también es psicólogo deportivo y exsoldado de las fuerzas especiales con experiencia en Irak y Afganistán, me apartó y me dijo: “Dijiste algo después de la carrera, y he tenido mis sospechas durante un tiempo, pero ahora estoy seguro de que padeces un trauma y una reacción de trastorno por estrés postraumático; es lo único que tiene sentido”.

Al parecer, al salir del agua dije que la carrera me había recordado a la final olímpica de 2016 y que solo podía pensar en eso. Tras eso, él estaba convencido de que algo iba completamente mal.

Fue un alivio escuchar algo así, porque me había estado preguntando por qué no mejoraba; era muy contradictorio. Veía como mis pruebas físicas mejoraban, pero cada vez me sentía peor, y mi rendimiento empeoraba.


Creo que hay más atletas de los que pensamos que han pasado por esto, y tenemos la oportunidad de ayudarlos».

René Holten Poulsen


Entré en un proceso que consistía en escribir el diario y descubrir lo que sentía, por qué lo sentía, cómo me había afectado y cómo me sentía al respecto; y solo tenía que confiar en que, en algún momento, lograría salir de todo eso. No estoy seguro si fue gracias a ello, pero empecé a mejorar».

René Holten Poulsen

El camino hacia la recuperación

«Por fin sabía contra qué debía luchar. A partir de ahí, empecé a escribir diarios, a leer libros, y a trabajar con un psicólogo deportivo con el que contamos en el equipo de Dinamarca. Entré en un proceso que consistía en escribir el diario y descubrir lo que sentía, por qué lo sentía, cómo me había afectado y cómo me sentía al respecto; y solo tenía que confiar en que, en algún momento, lograría salir de todo eso. No estoy seguro si fue gracias a ello, pero empecé a mejorar. Escribir un diario es una terapia genial, porque puedes ser completamente sincero con lo que sientes. Cuando acabas, cierras tu libreta y te olvidas: “Eso es todo. No pienso más en ello hasta el día siguiente”. Es como descargar todos los sentimientos negativos».

Consulta nuestro artículo sobre cómo escribir un diario puede ayudarte a mantener una actitud positiva.

«Durante toda la investigación que hice sobre traumas y TEPT, no logré acertar cómo denominarlo, y todavía hoy no sé cómo llamarlo. Tenía todos los síntomas de alguien que padece TEPT, pero ningún psicólogo lo hubiera confirmado, porque existe la idea de que el TEPT solo afecta a aquellas personas que vuelven a casa tras una guerra o una situación similar. Pero este no es el caso; para nada. Creo que todas las personas padecen eventos traumáticos en sus vidas y, mientras unas los gestionan sin problemas, también hay mucha gente dentro y fuera del deporte que no sabe por qué su cuerpo reacciona de una forma determinada.

Creo que nunca se supera el trauma. Pero sí que puedes aprender de él, así como aprender a sobrellevarlo. Se trata de un proceso continuo, y llegas a saber equilibrarlo cada vez mejor. En un mal día de entrenamiento, todavía veo ese momento de Río 2016, y todavía tengo esa sensación. Pero, al menos, ahora sé de qué se trata, lo que hace que todo sea mucho más sencillo.

Según lo que he investigado, cuanto más sepas y leas sobre el trauma, mejor lo entenderás y más fácil será lidiar con él o superarlo y trabajarlo. Invertí unas 10 horas a la semana en estudiar cómo vivir el momento presente, y todo ese aprendizaje, junto con los diarios y la posibilidad de hablarlo con alguien (un psicólogo), fueron mis herramientas para superarlo. Diría que se trata de herramientas bastante básicas que te ayudan mentalmente, y un psicólogo deportivo o cualquier psicólogo probablemente aconsejaría lo mismo».

Medidas para mejorar el deporte

«Creo que lo importante es que todos los atletas sean más conscientes de que este problema existe y que las organizaciones y empresas deportivas lo examinen más a fondo. Para mí, la alegría que siento ahora al entrenar tiene un impacto positivo no solo en mis propios resultados, sino en los de mis compañeros de entreno; y eso es algo que también pasa en el mundo laboral.

Espero que en el futuro podamos encontrar embajadores y construir una plataforma para informar a más atletas y público general. Un gran punto de partida sería poder contar con campeones y atletas olímpicos o cualquier persona con una gran historia, para que pudieran enseñar a los atletas más jóvenes. Es estupendo contar con un psicólogo deportivo pero, por algún motivo, miras a otros atletas y los escuchas. Simplemente se siente este tipo de respeto por los atletas, y es distinto al que sientes por un psicólogo, porque ellos han sentido lo mismo que tú.

Sé que habría sido bueno para mí, y sé que marcaría la diferencia para alguien que está pasando por algo similar a lo que yo pasé. Puede ser simplemente una conversación de 20 minutos con ese atleta, pero eso podría ayudarte a tomar la decisión de hablar con el psicólogo deportivo.

En última instancia, el escenario ideal sería contar con un psicólogo deportivo o un coach para que, en especial para los Juegos Olímpicos, todos los atletas que participen puedan sentarse y ser evaluados. Si detectasen algo, podrían seguir trabajándolo con el entrenador o el psicólogo hasta sentirse mejor.

Del mismo modo que nos evalúan las lesiones cuando vamos al fisioterapeuta, quizás existe un modo de evaluar las lesiones o los traumas mentales. Una vez fuera de la Villa Olímpica, se debe hacer frente al problema. Creo que algo así, si fuera posible, sería importante».

Expectativas de futuro

«Desde mi punto de vista, los atletas que más han sufrido con el aplazamiento de Tokyo 2020 son los que solo se centran en ganar, o en el resultado. Aquellos atletas que se centran en el proceso, y los que disfrutan con su disciplina deportiva, son los que menos han sufrido.

En mi caso, aproveché esta situación como una oportunidad. Es como si me dieran un pase gratis de un año para trabajar en mí mismo, trabajar mi técnica, trabajar mi habilidad física y conseguir que mi cuerpo vuelva a rendir al máximo, relajado y listo para actuar.

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