Muchos de vosotros debéis trabajar desde casa para tener la flexibilidad necesaria para perseguir vuestros objetivos deportivos.

Con unas reglas sencillas, estaréis listos para rendir al máximo.

Sigue nuestros prácticos consejos para mantenerte sano y productivo.

1. La prioridad es ser atleta

Si estás sentado en un escritorio la mayor parte del día, estarás inactivo bastante tiempo. Antes de empezar tu jornada laboral, tómate un momento para hacer alguna actividad física. No tiene que ser una actividad extenuante, sino algo que te ayude a empezar el día y poder concentrarte después; tal vez una sesión de estiramientos o un paseo corto. Al no tener que desplazarte hasta la oficina vas a ahorrar mucho tiempo, ¡aprovéchalo!

2. Sigue una rutina

Como atleta, estás acostumbrado a cumplir unos horarios exigentes. Trabajar desde casa no tiene por qué ser diferente. Empieza tu día haciendo la cama: evitará que vuelvas a acostarte y te proporcionará una sensación de orden. Vístete, aunque sea con ropa de deporte o algo cómodo. Intenta no quedarte en la cama ni trabajar en pijama, a menos que estés enfermo. No es eficiente y acabarás con dolor de cuello y espalda.

3. Sigue una alimentación adecuada

Cuando el lugar de trabajo está tan cerca de la cocina, es muy tentador desayunar mientras lees tus correos electrónicos. Resiste a la tentación y haz tus comidas sin ninguna distracción relacionada con el trabajo. Somos más eficientes cuando hacemos una sola cosa a la vez. Te permitirá disfrutar más de la comida y te resultará más fácil concentrarte en el trabajo. ¡Y también evitarás el riesgo de llenar tu teclado de migas!

4. Ponte horarios

Establece un horario para tu jornada laboral. Empieza fijándote una hora para empezar, como si tuvieses que ir a la oficina, al trabajo o a tu entorno de entrenamiento. También puedes añadir a tu horario franjas para descansar o hacer ciertas tareas.

Una buena técnica es usar el reloj Pomodoro; aquí encontrarás una versión en línea.

5. Encuentra un espacio apropiado para trabajar

Lo primero: el sofá o la cama no son recomendables. Si puedes, trabaja en una habitación donde no duermas o comas. De lo contrario, puedes usar la mesa del salón o de la cocina e intentar encontrar la posición más ergonómica posible. Si trabajas con tu ordenador portátil, puedes conectarlo a una pantalla más grande y cambiar de mesa o silla de vez en cuando. Es una buena manera de evitar permanecer en la misma posición durante largos periodos. Si trabajas en la cocina, retira tu ordenador y documentos durante las comidas para no pensar en el trabajo.

6. Haz descansos cortos

Si estás sentado en un escritorio todo el día y no tienes que desplazarte hasta el trabajo, tendrás más posibilidades de que te duela el cuello o la espalda. Haz descansos cortos de manera regular a lo largo del día. Levántate del escritorio. Estira. Incluso puedes planear una sesión de entrenamiento o probar nuevo equipamiento deportivo.

7. Come tentempiés saludables

Al tener la cocina tan cerca, es muy fácil caer en la mala alimentación. Ten algunas opciones saludables disponibles para cuando no puedas resistir la tentación. Si puedes, fija un horario para las comidas como harías si estuvieses entrenando.

8. Haz un descanso para comer

Fija una hora para comer y ¡no te la saltes! Siempre existe la tentación de terminar «solo una tarea más», pero podrías acabar el día sin haberte tomado ni un descanso y te arrepentirás de no haberlo hecho. Si haces descansos, tendrás más energía para continuar con tu día.

9. Céntrate

Evita distracciones, como mirar la televisión mientras trabajas. Si vives con otras personas, puede que les lleve un tiempo comprender que estás ahí aunque no disponible como siempre. Pide de antemano a tus familiares o compañeros de piso que no te distraigan para que puedas concentrarte en el trabajo. Recuerda estar presente y dejar de trabajar cuando tomes un descanso. Al no tener que desplazarte hasta el trabajo, es posible que tengas más tiempo libre; disfrútalo e intenta sacarle el máximo partido encontrando un equilibrio entre la vida laboral, deportiva y personal.

10. Concluye tu jornada laboral

Sin la necesidad de abandonar el lugar de trabajo, es muy fácil trabajar hasta tarde sin darse cuenta. Es como un entrenamiento excesivo: aunque puede parecer productivo en el momento, no lo es. Si sabes que te resultará difícil fijar una hora para terminar, busca una excusa para dejar de trabajar, como inscribirte en un curso en línea, programar una llamada a un amigo o familiar, o hacer una actividad física. Concluye tu día de trabajo de la misma forma que lo harías en una oficina o al terminar tu entrenamiento. Intenta dedicarte un poco de tiempo, así como a los que te rodean, antes de que termine el día, y ve a dormir. Toma el aire si puedes y si trabajas con un ordenador, deja que tus ojos descansen de las pantallas antes de irte a dormir.

11. Mantente en contacto con otras personas

Si no vives con nadie, puede que pases largos períodos de tiempo sin hablar con otras personas. Cuando sea posible y pertinente, haz una llamada telefónica en lugar de mandar un correo electrónico. Algunas cosas se comunican y comprenden mejor hablando, y siempre es agradable escuchar la voz de alguien.

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